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Cultura Mestiza en construcción

Cultura mestiza en construcción.

Formémonos una patria a toda costa y todo lo demás será tolerable.

 

SIMÓN BOLÍVAR.

Del latín colere, cultura significa cultivar. Al igual que cultum, agricultura, el verbo cultus se refiere a la cualidad que tiene la tierra para ser cultivada. Por analogía cultura implica la cualidad de ser fértil.

A las costumbres, ideologías, técnicas y tradiciones integradas al sistema económico, religioso, político y social que generan a su vez una estructura conocida como civilización le aplicamos la alegoría del cultivo y por esa razón le llamamos cultura.

En este contexto alegórico, la cultura debería ser un acto deliberado de construir a partir del conocimiento y de los impulsos afectivos propios de la especie humana que en el terreno fértil de su diferenciación e integración serían divulgadas y heredadas por generaciones dando existencia a la cultura.

Sin embargo, los actos deliberados son cuestionables para el homo sapiens cuyo instinto cuando no se bloquea, compite con su habilidad de coleccionar información y de razonar con ella. En principio deliberar implica la capacidad de considerar a voluntad, pero la condición de libertad que debería  ser básica en este ejercicio no se da necesariamente, tanto, que todo  lo que genera la humanidad (tecnología, ciencia, economía, filosofía y religión), se desarrolla dentro de nuestros límites biológicos (alimentación, placer, apareamiento, salud, muerte, etc.) como de nuestros límites políticos, es decir lo que está permitido hacer. Lamentablemente quienes se atreven e ignoran la prohibición enfrentan tortuosos castigos e incluso la muerte y mucho de lo que hacen se pierde.

De lo que resulta que la cultura, no se ha construido sobre un ánimo de experimentar libremente la existencia, sino sobre la necesidad de sobrevivir para sostenerla, y de la supervivencia se derivó la ventaja que da el dominio mediante la imposición de la fuerza dando margen al uso y abuso del poder, terreno fértil para las dictaduras.

Así, se engaña a los sometidos haciéndoles creer que ese sistema también les beneficia, intercambiando la posibilidad de libertad por seguridad y para ello se elabora una estructura de mentiras muy compleja, por lo regular maniquea, con instituciones, ideologías, escuelas y todo.

Este hecho no ha pasado inadvertido para muchos científicos y filósofos que observan que la cultura ocurrió por defecto, uno de ellos, Tomas Hobbes, en su Leviatán explica porqué es el hombre el depredador de su propia especie y cómo todo lo que se produce está influido por este hecho, o Wilhelm Reich que incluso declara que la cultura humana todavía no existe.

Suena radical pero es un hecho al menos, que al ser inconscientes de las influencias que cargamos no podemos aspirar ni remotamente a ejercer la libertad y que efectivamente todo lo que se ha creado y se nos permite conocer está limitado y que la cultura fue construida no como un acto deliberado sino casi por accidente.

Y ese “casi” permite un margen para quienes se atreven y han ido más allá de los límites y de las influencias dejando un legado de ciencia, arte y conocimiento que siendo prohibido es auténtico y noble y que reivindica y aún justifica la grandeza de nuestra especie.

La historia de la humanidad es una larga cadena de abusos, crímenes y tortura ejercido por el ser humano en contra de sus iguales, y México no es la excepción. La transculturización que emerge de la mezcla de razas: indígena, africana y europea derivada de la colonización española en América dio como resultado la combinación de sus respectivas costumbres, dando lugar a una pseudo cultura que comprende la diferenciación de cada uno pero sin llegar a integrarlo en algo funcional y renovado; por esa interrupción decimos que la mestiza es un aborto de cultura o como diría Reich, no existe.

México ocurre por accidente, su independencia, su revolución, sus guerrillas, etc.  Son el producto de la confusión cultural y la falta de identidad como nación. El mestizo es hijo de la violación y  el caos generado por la dolorosa sensación de no pertenecer ni a un grupo ni a otro, es decir de ser “ninguno”, se manifiesta en cada cosa que hace.

Admiramos la cultura indígena pero no la integramos es decir no nos sentimos parte de ella y peor todavía excluimos a nuestros hermanos indígenas. Tenemos una ambivalencia de admiración-odio hacia los españoles, nuevamente sin integrarlo más allá de los apellidos y artes coloniales.

Por si eso fuera poco, la publicidad nos influye y permea nuestra cotidianidad robándonos nuestra identidad y aportando todavía más confusión con la introducción de ideologías extranjeras. Porque como dice Don Draper, el consumidor no sólo compra el producto, también el formato. Y siempre hay alguien diciéndonos qué se supone que somos y cómo se supone que debemos serlo, etc.

La cuestión es decidir con libertad quiénes somos primero como personas y luego como grupo, pero levantarlo sobre la base de la certeza de que somos nosotros quienes elegimos, no un líder religioso, ni los dirigentes del partido, ni un antropólogo, ni las series de tv.

Actualmente, no existen las razas puras, en todo el planeta, sin importar la apariencia étnica, somos todos mestizos, en realidad todos los pueblos del mundo soportamos tiranías y tenemos nudos existenciales que resolver, experimentamos los mismos movimientos afectivos y tenemos que resolver nuestros propios dilemas sean morales, espirituales o políticos; negar esas similitudes es caer en el fascismo, en un espíritu de soberbia que, diría Reich, ostentan los patrioteros de mierda que matan en el que es diferente sus propias deficiencias.

Hay que enfrentar esa tremenda pero maravillosa responsabilidad, porque nadie tiene derecho a decirnos cómo somos o lo que debemos ser, a dictaminar  qué rumbo debe o no tomar nuestra creación. Somos los únicos con derecho a determinar quiénes somos. Biológica y culturalmente somos mestizos y me enorgullezco de ser producto intelectual y físico de todas las culturas, razas y naciones.

Reconocer que en nuestras similitudes está la unión y en nuestras diferencias la riqueza para construir la unidad donde reside nuestra fuerza, es sólo el principio para dar impulso a la evolución social que nos permitirá organizarnos superando la necesidad de declinar nuestro poder a la iglesia, a los partidos políticos, al Estado o a los sindicatos que lo único que nos ofrecen es la promesa de seguridad, protegernos de otras instituciones iguales pero amenazadoras, que por cierto se integran de personas como tu y como yo.

Hacernos el propósito de construir una cultura mestiza que no globalizada, sobre las bases del amor, el trabajo y el conocimiento que no tienen patria, no limitan con fronteras ni uniformes, que no repare en la distancia que abren las diferencias sino en la esencia que nos integra como especie, que le dé más valor a los recursos que al dinero, a la libertad que a la seguridad que ofrece el Estado, al amor legítimo que a las actas de matrimonio, al contenido que a la forma, es la roca sobre la que se alzará la evolución de nuestra especie y que nos llevará al primer hecho evidente: que no tenemos porqué tener miedo entre nosotros, que no nos dividimos en buenos y malos, que las asociaciones de psicópatas sin método podría ser un buen trabajo de publicidad para convencernos de que necesitamos ser protegidos, que todos somos víctimas de nuestras propias decisiones y que por filiación espiritual tenemos el derecho universal de amarnos entre nosotros y de llamarnos hermanos.

Así como la gastronomía, la universidad y el arte, promovamos el mestizaje como un concepto de cultura diferenciado e integrado, que le aporte sentido y complejidad al mundo que inspire una unión inteligente no globalizada sino equitativa, ofreciendo valores que sean internacionales, funcionales para todos y que conviertan la creatividad del mestizaje mexicano en patrimonio de la humanidad.

La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino.

SIMÓN BOLÍVAR



EL GRINCH

El Grinch.

                   “… ustedes han invalidado la palabra de Dios a causa de su tradición. Hipócritas, aptamente profetizó de ustedes Isaías, cuando dijo: `”Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy alejado de mi. En vano siguen adorándome, porque enseñan mandatos de hombres como doctrinas”. Decir de Jesús respecto de lo que se enseña en los templos, (Mateo 15: 6-9).
Jesús en Occidente, Yehshua en Medio Oriente o Isa para los musulmanes, fue predicador y profeta, filósofo y maestro, y para otros incluso Dios por extensión filial. Tergiversado por las religiones, según Nietzsche, su intención era enseñar no una nueva ideología, sino una nueva forma de vida.
Incomprendido en su época, su paso por la tierra se caracterizó por la persecución de que fue objeto y por sus prácticas extraordinarias, fue esa idea sobre el amor al prójimo lo que motivó a los Brahamanes a planear su asesinato en India, donde lo llamaban Isha y de donde tuvo que huir tras haber aprendido las antiguas artes del budismo y la iluminación del espíritu, todo ello antes de cumplir 30 años.
Sin embargo sus aspiraciones hippies no disminuyeron después del atentado en India, donde aún se conservan los papiros de Isha como un tesoro de la meditación. Sino que se decidió a iniciar su campaña por “despertar” a la humanidad de su época. Sin duda una apasionada cruzada que terminaría con su vida de predicador y daría inicio a la cruel persecución de quienes seguían su filosofía e ignoraban las prácticas judías desafiando con eso la autoridad de Roma.
Más que adorar su personalidad, Jesús proponía vivir la experiencia de la unidad, y si hay que dedicarle energía en adoración a alguien, decía, que sea a Dios padre creador del cielo y la tierra, el único dador de vida, por esa razón advertía sobre la necesidad de ser más selectivos en nuestras celebraciones.
Da la casualidad de que alrededor del año 275, mucho tiempo después de la muerte de Jesús, el culto del sol era especialmente dominante en Roma. Estas ideas paganas y fiestas rituales se pusieron de moda después de haber sobrevivido a varias generaciones desde el antiguo Egipto, donde la adoración de Isis la Diosa Madre y de su Hijo Orus, quien perdió un ojo tras pelear y asesinar a su padre Osiris, eran la base de la religión.
Cuando ingresaron paganos a la iglesia cristiana, adaptaron el 25 de diciembre de ellos, fecha del solsticio de invierno en que celebraban el renacimiento del Dios Sol (los devotos paganos de Miltra), y adoptaron esa fecha como fecha del nacimiento de Jesucristo. En Occidente no se estableció esta fecha hasta aproximadamente mediados del siglo IV, y en Oriente, hasta más o menos un siglo después”.
Aquí la evidencia: Dice la biblia que la noche en que nació Jesús había pastores en el campo, por lo tanto Jesús no nació en diciembre, ya que se sabe que los rebaños en el tiempo de Jesús pasaban el invierno bajo cubierta. El informe de Lucas [Lucas 2:8] tocante a que los pastores “moraban en los campos, guardando sus rebaños por la noche’, da a entender que Jesús debió nacer en el verano o a principios del otoño. Ya que diciembre es un mes frío y lluvioso en Judea, lo más probable es que por la noche los pastores hubieran buscado refugio para sus rebaños”. De dónde sacamos que los rebaños pastan en invierno cuando no hay pasto??
Ni que decir de Santa, el octagenario de azules ojos y barba blanca que vive a temperaturas inconcebibles y deja regalos bajo el árbol o en las botas; según la tradición céltica era un demonio que entraba por las chimeneas a comerse a los niños que se habían portado mal…o sea, perdón??
Lo cierto es que Jesús no nació el 25 de diciembre. Y él no autorizó la celebración de la Navidad, como tampoco lo hicieron sus discípulos ni los escritores de la Biblia. De hecho los primeros cristianos no celebraban el nacimiento de Cristo. Entonces qué celebramos en navidad??
Durante mucho tiempo la navidad no fue una celebración que ameritara días de asueto, aún cuando ya se había aceptado como la fecha del nacimiento de Jesús. Fue durante el siglo XX que se volvió realmente popular, específicamente fue durante 1920 que Ronald Hubbard decidiera aprovecharse de esta celebración para propiciar un acelerado ritmo de consumo durante esta etapa del año, iniciando la tradición de dar regalos. Como experto en economía sabía que el flujo de capitales cerraría el año con una apariencia de recuperación de la tremenda crisis económica que vivía EU.
Fue tal la ola de optimismo navideño que las grandes corporaciones decidieron patrocinar la idea de Hubbard exportándola a Europa y haciendo enormes campañas para garantizar que el consumo es estas fechas sea notablemente superior que en el resto del año, siendo tal el impacto que se adaptó el sistema para asegurar que los consumidores estuvieran en condiciones de hacer gastos disponiendo de tiempo libre y dinero.
Cabe mencionar que Hubbard estaba tan complacido con los resultados que buscó otra forma de manipulación masiva relacionada con ideologías religiosas, fundando en 1954 la Dianética, según él, “porque el verdadero negocio estaba en fundar una nueva religión”.
Tétrico, pero verdadero, cedemos cada año a esta campaña para torcer la voluntad de los asalariados a una forma de consumo enajenante, cuyas bases religiosas son falsas y sus aspiraciones espirituales nulas, y la neta es que tampoco vamos a declinar de las vacaciones, las borracheras, las posadas, los festejos, el dinero, la cena y los regalos, pero más nos vale saber qué estamos haciendo y porqué. Nada más valioso que el regalo de la información. Feliz navidad.

“La verdad os hará libres”.
Jesús el Cristo. San Juan (Jn 8,32).

El Respeto

EL RESPETO.

“Llamo mentira a no querer ver algo que se ve, a no querer ver algo tal como se ve.”

F. Nietzsche (el anticristo).

Del latín “respicere”, mirar,  RECONOCER. Esto es un proceso que inicia al  mirar  por primera vez lo que es desconocido y las siguientes veces reconocerlo, luego, respeto en su raíz etimológica es: mirar, ver, reconocer.

Respetar es reconocer la existencia de lo que se observa. El reconocimiento implica tres acciones previas, a saber: el conocimiento, el entendimiento y la aceptación de ese conocimiento, entonces primero se conoce la existencia del objeto, sujeto o circunstancia, después se llega a un entendimiento de sus implicaciones y por último se admite, y las veces subsecuentes se reconocen (se recuerda el conocimiento previo, a la luz de un entendimiento que ya se ha incorporado al criterio), entonces ¿llamamos respeto a ese reconocimiento?. En realidad esto es sólo el inicio, el respeto es un tanto más complicado.

Después del reconocimiento, por lo regular el observador tiende naturalmente a guiar su conducta con base a ese conocimiento, esto se hace con cada información que se incorpora a los registros que configuran la memoria;  derivado de ello la conducta del observador se armoniza con el objeto de su conocimiento de tal manera que no lo violenta ni choca con él, dado que cada vez  hace uso de su conocimiento previo (reconociéndolo) y  a eso le llamamos respeto.

Un ejemplo es el niño que siente curiosidad por una flama brillante que tiene a su alcance por primera vez, en esta fase probablemente quiera tocarla y se lesionará en el intento, el dolor de la quemadura es parte del conocimiento relacionado con la llama, ahora sabe que el fuego es brillante y muy caliente, por lo tanto peligroso, aunque no haga este razonamiento sistémico, igual obtendrá la información y cuando otra vez reconozca una llama se conducirá procurando cuidado y armonía entre él y el fuego, es decir con respeto.

Recapitulando, las fases del respeto son:

Fase I de Conocimiento:

Observador   -conocimiento- entendimiento- a ceptación del conocimiento- OBJETO.

Fase II de Reconocimiento:

 OBSERVADOR -reconocimiento- aplicación de criterio-conducta armoniosa- OBJETO 

 Fase III de Respeto:

 OBSERVADOR -conducta arminiosa del observador- OBJETO.

OBJETO- conducta armoniosa del observador- OBSERVADOR.

Si lo notas, el conducirse en armonía atañe al observador y a lo observado, trátese de un sujeto, objeto o circunstancia, es decir implica reconocimiento hacia sí mismo y hacia lo demás, nadie puede respetar a otros en detrimento propio, en tal caso estaríamos hablando de un acto de desconocimiento hacia sí mismo, esto es un abuso, una falta absoluta de respeto.

Dicha conducta, emana del observador hacia el objeto de su respeto y armoniza consigo mismo, es decir, no se causa daños en el ejercicio de respeto a los demás, no violenta a otros ni se violenta, no es posible respetar desconociéndose a sí mismo.

En esta inteligencia, el respeto es un sistema de apreciaciones que hace el observador respecto de un objeto, sujeto o circunstancia y que norman su conducta en la medida en que las comprende y las encuentra útiles, necesarias y sencillas de aplicar.

Precisamente la armonía es el resultado de la sencillez, la comprensión, la utilidad y la satisfacción de una necesidad que el observador encuentra entre la conducta y su  propio criterio. Es aquí donde el procedimiento puede llegar a complicarse.

Simplicidad y Armonía. La conducta de respeto, debe ser sencilla de comprender y de aplicar; si su comprensión o su aplicación es complicada, el individuo no la observará, pues la cualidad de dificultad excluye la de ser armoniosa.

¿Cuándo el respeto se vuelve complicado? Precisamente cuando no es armonioso, sea porque el observador genera dentro de sí un sentimiento de desconocimiento de sí mismo al reconocer al otro, o cuando no logra comprender al otro y por ende reconocerlo. Lo que no es posible captar por la propia comprensión a menudo se niega y se desconoce deliberadamente, y aún conociéndolo, si implica un desconocimiento propio, la conducta respetuosa se hace imposible, dando lugar a lo que conocemos como una conducta sumisa basada en el miedo o abuso emocional.

Comprensión. Una vez que el sujeto ha observado y reconocido al blanco de su atención, debe comprender sus características y cómo ha de conducirse para relacionarse con él de manera armónica, en esta tarea encontrará que es útil, necesario y sencillo lograr esta relación, puesto que si estos beneficios no son incluidos en su nivel de comprensión, será incapaz de reconocer al otro y por lo tanto de respetarlo.

Utilidad. La primera dificultad de la interacción entre un individuo observador y el otro, estriba en reconocer al otro como una entidad ajena a él mismo, y no obstante no desconocerlo como ser existente y necesario dentro de su entorno y contexto. De ahí la utilidad de la conducta de respeto; nos es útil dado que somos una unidad con el universo, luego, una conducta guiada por el reconocimiento recíproco de todas la criaturas que lo configuran y lo habitan coadyuva a su sustentación desarrollo y eventualmente a la evolución de todo el sistema en general y del individuo en particular.

Satisfacción de una necesidad. En estos términos, resulta necesaria la conducta de respeto, simplemente el desarrollo del individuo no es posible en un contexto de desconocimiento hacia lo que le rodea, y por lo tanto no es viable su evolución y tampoco es sustentable su existencia en el sistema, lo que nos lleva al hecho de que desconociendo el entorno y a las criaturas que lo habitan el individuo se desconoce a sí mismo, por lo que la falta de respeto hacia el resto en realidad es una conducta autodestructiva.

Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, la capacidad de ver a una persona, objeto o circunstancia, tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse por que el otro crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación.

Toda conducta irreflexiva, levantada sobre el miedo, la ignorancia, la veneración o el fanatismo es unilateral e implica un desconocimiento de la propia dignidad y aún del objeto o sujeto a quien se dirige, no permite el intercambio armónico y aún lo bloquea. Ninguna relación es posible sobre estas tablas, ni entre naciones, patrones o trabajadores, Estado y gobernados, amigos o amantes, en estos sistemas, las relaciones desprovistas de respeto son peligrosas dado que generan tensión cuyo límite crítico suele colapsar con violencia al sistema entero, sea con guerras o revoluciones, menoscabo paulatino o con indiferencia, el resultado siempre es destructivo.

El ejercicio del respeto es un proyecto personal que implica la función iterativa[1] del autoconocimiento, esto es la repetición en varios niveles del reconocimiento de sí mismo para llegar al reconocimiento del entorno, de sus individuos y la voluntad de procurar conectores armónicos entre ellos. En este contexto cabe afirmar que el respeto es el resultado del uso iterativo del autoconocimiento.

Para que una conducta de respeto pueda operar en un individuo debe manejarse un empate desde la singularidad de este y el otro, en cuanto a características, nivel de comprensión y esencias existenciales. El nivel de comprensión que posibilita y requiere por iteración de la fórmula del respeto es justamente el amor. Reconocer al entorno y sus individuos tal como son, sin pretender cambiarlos, sin generar expectativas personales y adaptándose a sus peculiaridades para generar armonía en sus relaciones, resulta en un movimiento evolutivo en el que se desarrollan potenciales de complementación, adaptación y desarrollo individuales, procurando al otro y propiciando la evolución del sistema completo.

El respeto es la fórmula que genera vínculos eficientes entre los diversos elementos de un sistema (social, político, religioso, económico o científico). Para generar armonía en la variedad, procura conectores cuyo objetivo es empatar las diferencias y lograr la complementación de los opuestos anulando la competencia, eliminando la separación y propiciando la unión.

En conclusión, el respeto es la primera condición para la libertad, el principio de la vida, la base para levantar cualquier sistema, la fórmula de cualquier intercambio, sea en los ámbitos más elementales o en los más complicados. Todo inicia con el reconocimiento de uno mismo y de los demás, y evoluciona hacia la complementación y la conciencia de unidad.

                 La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir.

 Henry F. Amiel (1821-1881) Escritor suizo.

1 Iteración: función que propicia eficacia al sistema mediante la repetición de sí misma en varios niveles de la estructura.