Coinciden los sociólogos y politólogos, no sólo es el alza incosteable al transporte público, es el resentimiento social acumulado por varios abusos e incongruencias, el gasto de la copa confederaciones y el mundial de la FIFA en 2014, presumiendo de índices económicos saludables en un país que tiene a su pueblo viviendo al corriente cuando son afortunados y prescindiendo de servicios básicos cuando son incosteables, con su economía doméstica al borde del colapso.

El pueblo brasileño ha salido a la calle en cascadas humanas de protestas para oponerse a la política económica de organizar eventos y costear lujos a unas cuantas familias de políticos y empresarios cargándoselos a la clase trabajadora. Las autoridades en lugar de buscar la solución que piden los manifestantes en sus consignas, están buscando a quien los organiza, a su líder para anularlo. Pero las personas se han sumado a las protestas de forma voluntaria y espontánea, simplemente les ha parecido que este capricho de sus gobernantes oficiales y no oficiales va a costarles el alimento de sus familias, y que mientras hacen negocios con inversiones gigantescas a sus eventos internacionales ellos no pueden ni pagar el trasporte colectivo.

Un fenómeno parecido ocurrió en Islandia en 2009, cuando las personas salieron a protestar por el fraude financiero a la banca, en el que las autoridades decidieron que la deuda sería pública, a cargo de su clase trabajadora. La deuda para los islandeses se volvió impagable, las hipotecas y financiamientos subieron sus tasas de interés a índices absurdos, su moneda colapsó, de repente su dinero no tenía valor y la despensa del súper encareció por encima de su capacidad económica.

Los ciudadanos salieron en cascada a la calle, con puntos petitorios bien claros y de estudiada viabilidad, obligando a que se convocaran elecciones anticipadas, y negándose categóricamente a las soluciones propuestas por el senado.

Activaron una iniciativa civil donde se proponía dar solución a la deuda en los términos de la ciudadanía, primero que se condonara la deuda hipotecaria a los ciudadanos para que pudieran liquidar la deuda externa con los bancos europeos, después congelar los intereses a una tasa fija, luego elevar la cantidad recaudada por concepto de pago a razón de una tasa anual. Se votó y se ordenó decretar la vigencia de la iniciativa civil, se arrestó al primer ministro y muchos funcionarios salieron huyendo del país, se le condonó la deuda hipotecaria y por financiamiento a más de un 50% de la población.

En junio de 2010 aprobaron una ley de libertad de información pionera en el mundo, que reconoce el derecho de la ciudadanía a saber de las acciones que emprenden sus gobernantes y que protege el ejercicio del periodismo. Pero además, se hizo una reforma a su constitución, la primera en la historia de la humanidad redactada y votada directamente por los ciudadanos, según la cual está prohibido hacer pública cualquier deuda privada, sea bancaria o de otra índole, es inconstitucional y por lo tanto el Estado jamás utilizará sus recursos públicos, ni su potestad soberana para ordenar a la ciudadanía costear deudas generadas por particulares empresarios.

Tremendísimo avance logró Islandia en un planeta cuyos distintos gobiernos están cooptados por instituciones financieras y empresarios que se apropian de naciones enteras endeudándolas y dominándolas, definiendo incluso las pautas de la economía doméstica mediante el control de precios. Ese ultraje se actualiza en cada país del planeta, España está quebrada por su deuda pública, y ahora Brasil está pasando por lo mismo.

Islandia ya puso el ejemplo. Una protesta civil, pacífica que apoyaron todos, desde civiles hasta policías y funcionarios, que aún trabajando para el gobierno asumieron que ellos también son pueblo, que ocuparse de los asuntos públicos no sólo atañe a gobernantes, ni su análisis a especialistas y estudiantes, ni las protestas a grilleros ociosos y rebeldes. Que no basta con inconformarse, hay que ponerle solución a los problemas de gobierno porque nos son atinentes a todos y sus consecuencias afectan a nuestra familia directamente.

Que Brasil se ilumine con la misma lucidez de mentes ciudadanas brillantes y comprometidas, que su protesta permee de las calles a su constitución y a sus políticas públicas, porque aceptan primero que nada que si no se compromete cada quien en lo individual, será imposible lograrlo masivamente, porque saben que el gobierno oficial y extraoficial no cuida de su pueblo. Que caminen por el sendero abierto ya por los hermanos de Islandia, que son punta de lanza en una era de naturalidad, inteligencia y compromiso espontáneo de todos en ganancia de todos, y que esa energía inteligente nos termine alcanzando, a cada persona en la tierra.

Conocer es poder.

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