” Todo debe empezar con algún beso, que al haber estallado a quemarropa

Derrite la camisa y el corpiño, o que deje en los pies que se haga un charco de pantalones.”

                                                                                                                                                                                       Enrique González Rojo.

El ser humano en su ánimo por conocer ha reducido a dimensiones irreales el pulso de cada manifestación universal, limitando el objeto de su estudio a medidas que resulten comprensibles y más aún, controlables. Sin embargo, han existido mentes extraordinarias que intuyen la grandeza del universo y reconocen con humildad que los límites fueron creados por la civilización, que son ilusorios y que sólo los aplican y observan quienes han sido sometidos a un duro y constante entrenamiento para reconocerlos, y que desde luego, en esa medida resultan innecesarios. Una de las grandes aportaciones que nos han hecho estas mentes brillantes es la declaración de que lo que conocemos es apenas una pequeñísima parte de la realidad que se estudia y además de ser incompleto, nuestro conocimiento no es absoluto, su grado de veracidad en muchos aspectos es cuestionable.

En un principio, el sistema organizado por la civilización fue creado para servir y fomentar el desarrollo de la calidad de vida humana, para servir al bien común en su evolución espiritual, la búsqueda de la verdad y el desarrollo de la especie en una sana expresión de su energía vital; pero luego el esclavo se convirtió en tirano y el sistema cuyo objetivo es la procuración de la vida y su comodidad, es ahora una pesada carga para la humanidad cuyos hombres y mujeres son educados para ser esclavos de arquetipos vacíos, reprimiendo y aún anulando la energía vital que por no salir y expresarse se convierte en impulsos sádicos que cuando no son combustible de asesinatos y violaciones matan de cáncer.

La prisión que sostenemos es pesada y peligrosa, buscamos satisfacción pero apenas podemos pagar momentos de placer vacío que al cabo cansa más, y buscando encajar nos obligamos a parecer anuncios publicitarios, en escenarios y circunstancias inexistentes, con sonrisas sempiternas, satisfechos de nada y vacíos de espíritu, buscando parecer, se nos va la vida.

Se nos ha dicho que nos rebelemos al Estado, a la familia, al sistema, y hemos presenciado grandes batallas y revoluciones, levantamientos armados que tiñen de sangre periodos importantes de la historia, que por su parte registra qué pasó cuando los rebeldes ganaron, resulta que el modelo que proponían, la libertad que adornaba sus banderas, simplemente no pasó.

¿Cómo le hace uno para cambiar al mundo si los levantamientos masivos sólo sustituyen a un tirano por otro más imprudente?

Enrique Ibsen decía que un Estado sólo puede levantarse culturalmente mediante la fuerza de voluntad de un individuo. No hay cambio posible si no se experimenta primero en uno mismo. En la entrada del oráculo de Delfos se veía la leyenda :”conócete a ti mismo y conocerás el universo”. Sin duda los antiguos sabían.

La cuestión es cómo se inicia ese cambio y antes de eso, ¿queremos cambiar? Fue Wilhelm Reich, uno de los valientes que señalaron los candados que nos detienen y cómo liberarnos, su teoría desde luego fue muy controvertida, pues denunciaba abiertamente que la sociedad es en su esencia un sistema que deliberadamente crea individuos mediocres, de moralidad doble y sexualidad torcida, porque enfermos de neurosis y de insatisfacción crónica es más fácil controlarlos.

Expuso como se logra aleccionar a las multitudes mediante tradiciones familiares que condicionan al individuo a ganarse su lugar en el clan no por su nacimiento, sino convirtiéndose en alguien de quien sentir orgullo, aunado a la incesante operación de la publicidad y los medios de entretenimiento que crean expectación y deseos en las personas, bajo la premisa de que así como estamos, estamos mal, pero que alcanzaremos la felicidad, el reconocimiento o la aceptación si compramos un auto o consumimos una marca.

Observó cómo se forma una coraza en el carácter personal de los seres humanos civilizados expuestos y sometidos a este sistema y declaró que la energía vital se halla contenida en esta rigidez, la identificó con la libido y concluyó que es la represión sexual y el nulo entendimiento de los instintos y los impulsos sexuales los que nos enferman de neurosis y de necesidades sádicas. Esta condición garantiza la perpetuidad del sistema, pues educaremos a los infantes procurando los mismos paradigmas y nos programamos para detestar a los jóvenes, a los amantes, a las personas felices, castigándolos con etiquetas como idiotas, sucios o dementes.

Explicó asimismo que un infante nace sin la programación que limita sus impulsos primarios (sexuales, emocionales y de supervivencia) y los actos represivos de quienes le cuiden fijarán esos impulsos en su personalidad. Hay varias teorías psicoanalíticas que apoyan y explican este proceso, según las cuales el desarrollo de la personalidad se dará con base en una profunda y constante sensación de estar equivocado, lo que resulta en una actitud ambivalente de resentimiento y tendencia a la complacencia.

En ese sentido resulta que la personalidad se tuerce o no se desarrolla por completo en cuanto a su entendimiento, orientación y preferencias sexuales, es decir la sexualidad se halla subdesarrollada, y los impulsos (sádicos, narcisistas, incestuosos, homosexuales, masoquistas, de complacencia, asesinos, de autocensura, etc.) persisten pero son reprimidos por la culpa, dado que el individuo en lugar de comprenderlos y canalizarlos evita enfrentarse al hecho de que desea ejercerlos ya que teme al castigo social que implica el aceptar su homosexualidad o los celos que le causa alguno de sus padres, por dar un ejemplo.

Por esas razones, los individuos sumidos en la culpa no tendrán relaciones sexuales plenas, y sus relaciones no sexuales o sociales se verán socavadas por este defecto, ya que se conducirán con resentimiento, inseguros e insatisfechos (reprimiendo sus miedos y sus impulsos sádicos, de complacencia, asesinos, etc.) se dejarán guiar y entregarán su cualidad de autodeterminación a cualquier persona o institución que muestre las cualidades protectoras de un padre, que se hace responsable por sus culpas (siendo esto imposible), tal es el caso del Estado, la iglesia, los grupos sectarios, las tribus, entre otros.

Estos grupos te dirán por medio de sistemas de comunicación masiva o privada, que vestir, qué comer, de qué hablar, qué estudiar, cómo ser, qué comprar, la idea es que te mantengas consumiendo. Todo eso bajo la premisa de que así como eres no sirves, mantente comprando, porque te hace falta tener talla cero, la piel clara y verte como de 15 años, para eso ellos te venden cremas para adelgazar, cremas aclarantes de piel y células que rejuvenecen, no sirven pero igual te las venden.

Pues bien, Wilhelm Reich afirma que si la función del orgasmo se cumpliera (liberar y recibir energía por medio de la función mecánica de expansión y contracción propia de los espasmos orgásmicos), y las personas vivieran orgasmos sin angustia, y tuvieran relaciones sexuales plenas y sanas, fundadas en el valor incalculable del ser por sí mismo, y se compartiera con los demás sin miedo, sintiéndose aceptado, canalizando, comprendiendo y sanando los impulsos reprimidos en la infancia, entonces se liberaría de la culpa, se entendería y se aceptaría a sí mismo, iniciando una relación de amor propio, es decir se amaría así mismo.

Una persona que se ama y se acepta a sí misma, empieza a sentir impulsos de superación, de compasión y de integración, eso es lo que tiene y lo que da. No siente culpa y puede responsabilizarse de su vida, entiende y enfrenta sus miedos, no necesita seguir a un líder, ni idolatrar imágenes ni personas, se tiene y basta a sí mismo, por eso no busca aceptación ni reconocimiento, no los necesita. Es capaz de enfrentar tanto el éxito como el fracaso y los olvida para seguir con su vida. Conoce y defiende sus derechos, construye y vive la felicidad en el presente y no declina de su vida por falsas promesas. No sabe qué hay al final pero camina seguro de que ha andado una buena vida y de que aunque el mundo le da la espalda se tiene a sí mismo.

Este tipo de personas, son como el Súper Hombre de Nietzsche y no se dejan influir ni dirigir por nadie, no necesitan represiones ni creen en el castigo. No tienen miedo de morir porque han vivido y por esa razón no permitirían que se estableciera un Estado tirano. Con personas así no habría narcotráfico; sin guerras y sin sangre se organizarían para apoderarse del mercado ejerciendo el poder del consumidor, harían lo mismo con las trasnacionales y con los partidos políticos. Cuidarían su cuerpo haciendo ejercicio y comiendo sano, cuidarían su mente consumiendo entretenimiento inteligente y leyendo libros. Sería imposible dominarlos.

Esta es la revolución sexual que propone Wilhelm Reich, vivir con responsabilidad una sexualidad sana pero plena que deje fluir la energía vital y creativa en amor y entendimiento, porque toda relación inicia con el amor hacia uno mismo. Una sexualidad sin etiquetas y sin culpas, sin grilletes ni límites de autocensura, porque no habría necesidad, nadie saldría lastimado porque todos serían honestos, tendrían el coraje de decir “no me caso, quiero estar contigo sin comprometerme hasta la muerte, pero prometo amarte y cuidar de ti y de mi hasta que nuestro camino evolutivo nos separe, pero si no estás de acuerdo, eres libre de irte en paz.”

Estas personas entenderían la importancia de iniciar un proceso de introspección para conocerse a sí mismos y ahí, en la intimidad de su ser pondrían sus límites y construirían una moral basada en el respeto que inspira el amor y el amor que inspira el respeto. Serían complementarios y no competitivos y las reglas de represión ya no serían necesarias.

Este camino lo inicia el individuo, no las masas, por eso fracasan las revoluciones armadas, por eso, como diría la extinta agrupación de Fobia, hace falta una revolución sin manos, y aquí deja el maestro Wilhelm Reich con toda la fuerza de su corazón amante el proyecto de su Revolución Sexual

Yo hablaba de que el enemigo principal era el sexo reprimido tapiado en 

su bragueta moralista…la solución… no se halla en el sofá, sino en la cama.”

Enrique González Rojo.

Melina Aceves Ulibarri

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