EL RESPETO.

“Llamo mentira a no querer ver algo que se ve, a no querer ver algo tal como se ve.”

F. Nietzsche (el anticristo).

Del latín “respicere”, mirar,  RECONOCER. Esto es un proceso que inicia al  mirar  por primera vez lo que es desconocido y las siguientes veces reconocerlo, luego, respeto en su raíz etimológica es: mirar, ver, reconocer.

Respetar es reconocer la existencia de lo que se observa. El reconocimiento implica tres acciones previas, a saber: el conocimiento, el entendimiento y la aceptación de ese conocimiento, entonces primero se conoce la existencia del objeto, sujeto o circunstancia, después se llega a un entendimiento de sus implicaciones y por último se admite, y las veces subsecuentes se reconocen (se recuerda el conocimiento previo, a la luz de un entendimiento que ya se ha incorporado al criterio), entonces ¿llamamos respeto a ese reconocimiento?. En realidad esto es sólo el inicio, el respeto es un tanto más complicado.

Después del reconocimiento, por lo regular el observador tiende naturalmente a guiar su conducta con base a ese conocimiento, esto se hace con cada información que se incorpora a los registros que configuran la memoria;  derivado de ello la conducta del observador se armoniza con el objeto de su conocimiento de tal manera que no lo violenta ni choca con él, dado que cada vez  hace uso de su conocimiento previo (reconociéndolo) y  a eso le llamamos respeto.

Un ejemplo es el niño que siente curiosidad por una flama brillante que tiene a su alcance por primera vez, en esta fase probablemente quiera tocarla y se lesionará en el intento, el dolor de la quemadura es parte del conocimiento relacionado con la llama, ahora sabe que el fuego es brillante y muy caliente, por lo tanto peligroso, aunque no haga este razonamiento sistémico, igual obtendrá la información y cuando otra vez reconozca una llama se conducirá procurando cuidado y armonía entre él y el fuego, es decir con respeto.

Recapitulando, las fases del respeto son:

Fase I de Conocimiento:

Observador   -conocimiento- entendimiento- a ceptación del conocimiento- OBJETO.

Fase II de Reconocimiento:

 OBSERVADOR -reconocimiento- aplicación de criterio-conducta armoniosa- OBJETO 

 Fase III de Respeto:

 OBSERVADOR -conducta arminiosa del observador- OBJETO.

OBJETO- conducta armoniosa del observador- OBSERVADOR.

Si lo notas, el conducirse en armonía atañe al observador y a lo observado, trátese de un sujeto, objeto o circunstancia, es decir implica reconocimiento hacia sí mismo y hacia lo demás, nadie puede respetar a otros en detrimento propio, en tal caso estaríamos hablando de un acto de desconocimiento hacia sí mismo, esto es un abuso, una falta absoluta de respeto.

Dicha conducta, emana del observador hacia el objeto de su respeto y armoniza consigo mismo, es decir, no se causa daños en el ejercicio de respeto a los demás, no violenta a otros ni se violenta, no es posible respetar desconociéndose a sí mismo.

En esta inteligencia, el respeto es un sistema de apreciaciones que hace el observador respecto de un objeto, sujeto o circunstancia y que norman su conducta en la medida en que las comprende y las encuentra útiles, necesarias y sencillas de aplicar.

Precisamente la armonía es el resultado de la sencillez, la comprensión, la utilidad y la satisfacción de una necesidad que el observador encuentra entre la conducta y su  propio criterio. Es aquí donde el procedimiento puede llegar a complicarse.

Simplicidad y Armonía. La conducta de respeto, debe ser sencilla de comprender y de aplicar; si su comprensión o su aplicación es complicada, el individuo no la observará, pues la cualidad de dificultad excluye la de ser armoniosa.

¿Cuándo el respeto se vuelve complicado? Precisamente cuando no es armonioso, sea porque el observador genera dentro de sí un sentimiento de desconocimiento de sí mismo al reconocer al otro, o cuando no logra comprender al otro y por ende reconocerlo. Lo que no es posible captar por la propia comprensión a menudo se niega y se desconoce deliberadamente, y aún conociéndolo, si implica un desconocimiento propio, la conducta respetuosa se hace imposible, dando lugar a lo que conocemos como una conducta sumisa basada en el miedo o abuso emocional.

Comprensión. Una vez que el sujeto ha observado y reconocido al blanco de su atención, debe comprender sus características y cómo ha de conducirse para relacionarse con él de manera armónica, en esta tarea encontrará que es útil, necesario y sencillo lograr esta relación, puesto que si estos beneficios no son incluidos en su nivel de comprensión, será incapaz de reconocer al otro y por lo tanto de respetarlo.

Utilidad. La primera dificultad de la interacción entre un individuo observador y el otro, estriba en reconocer al otro como una entidad ajena a él mismo, y no obstante no desconocerlo como ser existente y necesario dentro de su entorno y contexto. De ahí la utilidad de la conducta de respeto; nos es útil dado que somos una unidad con el universo, luego, una conducta guiada por el reconocimiento recíproco de todas la criaturas que lo configuran y lo habitan coadyuva a su sustentación desarrollo y eventualmente a la evolución de todo el sistema en general y del individuo en particular.

Satisfacción de una necesidad. En estos términos, resulta necesaria la conducta de respeto, simplemente el desarrollo del individuo no es posible en un contexto de desconocimiento hacia lo que le rodea, y por lo tanto no es viable su evolución y tampoco es sustentable su existencia en el sistema, lo que nos lleva al hecho de que desconociendo el entorno y a las criaturas que lo habitan el individuo se desconoce a sí mismo, por lo que la falta de respeto hacia el resto en realidad es una conducta autodestructiva.

Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, la capacidad de ver a una persona, objeto o circunstancia, tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse por que el otro crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación.

Toda conducta irreflexiva, levantada sobre el miedo, la ignorancia, la veneración o el fanatismo es unilateral e implica un desconocimiento de la propia dignidad y aún del objeto o sujeto a quien se dirige, no permite el intercambio armónico y aún lo bloquea. Ninguna relación es posible sobre estas tablas, ni entre naciones, patrones o trabajadores, Estado y gobernados, amigos o amantes, en estos sistemas, las relaciones desprovistas de respeto son peligrosas dado que generan tensión cuyo límite crítico suele colapsar con violencia al sistema entero, sea con guerras o revoluciones, menoscabo paulatino o con indiferencia, el resultado siempre es destructivo.

El ejercicio del respeto es un proyecto personal que implica la función iterativa[1] del autoconocimiento, esto es la repetición en varios niveles del reconocimiento de sí mismo para llegar al reconocimiento del entorno, de sus individuos y la voluntad de procurar conectores armónicos entre ellos. En este contexto cabe afirmar que el respeto es el resultado del uso iterativo del autoconocimiento.

Para que una conducta de respeto pueda operar en un individuo debe manejarse un empate desde la singularidad de este y el otro, en cuanto a características, nivel de comprensión y esencias existenciales. El nivel de comprensión que posibilita y requiere por iteración de la fórmula del respeto es justamente el amor. Reconocer al entorno y sus individuos tal como son, sin pretender cambiarlos, sin generar expectativas personales y adaptándose a sus peculiaridades para generar armonía en sus relaciones, resulta en un movimiento evolutivo en el que se desarrollan potenciales de complementación, adaptación y desarrollo individuales, procurando al otro y propiciando la evolución del sistema completo.

El respeto es la fórmula que genera vínculos eficientes entre los diversos elementos de un sistema (social, político, religioso, económico o científico). Para generar armonía en la variedad, procura conectores cuyo objetivo es empatar las diferencias y lograr la complementación de los opuestos anulando la competencia, eliminando la separación y propiciando la unión.

En conclusión, el respeto es la primera condición para la libertad, el principio de la vida, la base para levantar cualquier sistema, la fórmula de cualquier intercambio, sea en los ámbitos más elementales o en los más complicados. Todo inicia con el reconocimiento de uno mismo y de los demás, y evoluciona hacia la complementación y la conciencia de unidad.

                 La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir.

 Henry F. Amiel (1821-1881) Escritor suizo.

1 Iteración: función que propicia eficacia al sistema mediante la repetición de sí misma en varios niveles de la estructura.

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