“En el ser mexicano está presente, aun después de muchas generaciones, el hecho de que se trata de un pueblo surgido de una violación.”

                                                                                                                                                             Octavio Paz.

 

Duro pero cierto, el resultado de la colisión entre indígenas e ibéricos fue una nueva raza que debió de reivindicar la devastación cultural de los indígenas anulados y vencidos y el abuso, la estupidez y la crueldad de los españoles conquistadores; sin embargo antes de lograr una conciliación, se recrudeció el antagonismo que aún carga y recicla la comunidad mestiza.

Así, la mezcla racial, que no cultural, tuvo que haber trabajado por una nueva cultura que incorporara ambas o bien una en exclusión de la otra, pero en lugar de eso se admitió un aborto cultural consistente en el miedo, la desconfianza y el resentimiento indígena por una parte, y el abuso, la crueldad y el desprecio español por la otra parte, aportando como cualidad propia del mestizaje la falta de identidad y la apatía por construirse una.

La debilidad de los gobernantes españoles (porque era bien sabido que el amante de la reina tenía las manos metidas en la administración de la NE), la conquista de Francia sobre España, y la intención criolla de obtener participación política, fueron las causas de un movimiento más bien improvisado, cuyas consignas loaban a la corona española (Fernando VII quien tomó el lugar del cornudo rey, justo antes de la invasión francesa) y una que otra idea tomada de los revolucionarios franceses. Es decir, la independencia fue un accidente, y aunque algunos historiadores digan que los criollos sí querían independizarse, a mi me parece que eso les importaba un rábano porque lo que sí tenemos bien documentado era el dolor criollo por haber nacido en América y no poder aspirar a ningún nicho de poder en la NE, o sea que no se sentían identificados con la colonia ni con sus habitantes (indígenas y mestizos), ni tenían planes elaborados por una independencia y su idea de igualdad social se limitaba al hecho de que si todos los hombres nacen iguales, es injusto que a los ibéricos se les den privilegios y a los españoles americanos se los nieguen.        

El acontecimiento de la independencia evidenció la actitud del mestizo ante las múltiples responsabilidades que implica la autodeterminación, así como la intención de abuso de los criollos y una vez más la anulación de la participación política indígena.

En concreto, el mestizo se enfrentó a una realidad existencial, no se concebía como individuo singular, despreciado por indígenas y por españoles criollos debido a la misma razón: era producto de una violación, un accidente consecuencia de la brutalidad, el efecto de un acto despreciable que no debió haber existido; por lo tanto no tenía identidad propia, nació siendo despreciado y debe optar entre el auto desprecio o fundar una nueva cultura, y el mestizo decidió: se detesta a sí mismo.

Por todas esas razones México jamás ha tenido un proyecto de nación, ni siquiera  ha tenido un proyecto de individuo, ni de cultura, y aún vive para lamentarlo. La falta de identidad nacional propició la independencia de Guatemala y la pérdida del territorio norte a favor de EU. La invasión del imperio francés atrajo la atención a que la causa de estas pérdidas era precisamente la falta de identidad. Siguieron dando palos de ciego, en su desesperación por ganarse al pueblo mexicano se condonaron impuestos y se facilitaron títulos de propiedad sobre terrenos incomunicados a costa de los más vulnerables, que le costó al gobierno enfrentamientos civiles y una división todavía más notable. La revolución fue más de lo mismo.

A esta fecha todavía se sufre a la nación desmembrada, las personas de ascendencia española se sienten orgullosos de su procedencia extranjera aunque sea de generaciones atrás, los indígenas aún son excluidos en su propia tierra y los mestizos todavía no se encuentran a sí mismos, el desprecio es recíproco entre estas comunidades y siguen atrapados en su “laberinto de soledad”.

El mexicano sigue pensando que es mejor esforzarse pero no arriesgarse, complacer antes que complementar, construir apariencias antes que contenidos, satisfacer el “qué dirán” antes que a su familia o a sí mismos, evadirse antes que resolver. Hicieron de aguantar la bota de alguien presionando su cuello un estilo de vida que llevan entre el rencor, el coraje y la tristeza; pero no desaprovechan la oportunidad de pisotear cuellos cuando pueden y ese es el legado que dejan a sus hijos y que se reproduce de generación en generación.

Al ser un pueblo surgido de la violación, para el mexicano existen dos tipos de personas: los chingones y los chingados; las relaciones humanas se resumen en el acto de chingar o de aguantar que lo chinguen. Envidian al chingón, y si pueden lo sabotean; desprecian al chingado y siempre se regodean en su tragedia; temen al que es cruel e indolente porque ese es un hijo de la chingada, pero se le someten porque chinga más que el resto. No se reconocen como miembros de una unidad y desconfían entre sí, estando divididos son caldo de abusos y manipulaciones en todos los ámbitos de su vida, desde la familia hasta la política. 

En consecuencia tenemos que lidiar con la esclavitud de una nación que en su caos permite cualquier abuso, un gobierno corrupto sujeto a intereses internacionales, una sociedad indolente, una educación deplorable, delincuencia organizada regulando a la par del gobierno y en complicidad con él, los mexicanos construyendo su identidad a partir del consumo, totalmente ciegos y frustrados pero muy orgullosos de ser mexicanos.

Hay que enfrentarlo, la independencia es un suceso que aún no ha ocurrido, no tenemos una cultura propia, celebramos la cultura indígena pero no sentimos respeto por los indígenas, mucho menos nos identificamos con ellos, tampoco con los peninsulares salvajes y crueles, vivimos cautivos de nuestra propia confusión, sin dirección y sin incentivos que no sean las ideas comerciales que compramos en tv.

Los festejos de 2010 son una confirmación a la efectividad de la vieja fórmula romana: pan y circo para mantener al pueblo distraído de sus necesidades, del manejo político y de sus propios potenciales, pan y circo para hacerles creer que son independientes, que celebren una nación inexistente, que olviden los sucesos de Tamaulipas y que le mientan la madre a quien pretenda aguarles la borrachera.

El día que nos descubramos a nosotros mismos, que descubramos quien somos y dirijamos nuestra propia voluntad hacia un objetivo concreto y real que incluya a todos, cuando nos organicemos como la unidad que somos y nos ayudemos sin sabotearnos, cuando sepamos con certeza qué lugar ocupamos dentro del proyecto llamado México y comprendamos nuestra verdadera importancia, cuando tomemos nuestras propias decisiones sobre qué y cómo ejercer nuestro potencial creativo, ese día datará nuestra independencia, y no es necesario hacer una revolución masiva, sólo tenemos que iniciar con nosotros mismos.

“Un pueblo sólo podrá levantarse culturalmente a través de la fuerza de voluntad de un individuo”

Henrik Ibsen.

Melina Aceves Ulibarri.

Bibliografía.

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DEL DERECHO MEXICANO. Margadant Guilermo. Esfinge, Naucalpan, Edo Mex, 1990. Capítulo IV.

MITOS Y FANTASÍAS DE LA CLASE MEDIA EN MÉXICO.  Careaga Gabriel. Cal y Arena. México D.F. 2004.

 
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