DE LA RESPONSABILIDAD Y LAS JUSTIFICACIONES.

 

Ensayo sobre la responsabilidad y sus implicaciones.

 

Por: Melina Aceves Ulibarri

 

“A toda acción corresponde una reacción de igual intensidad pero de sentido opuesto”, con su tercera ley, Newton no sólo da las bases de la física lineal, también el fundamento de las relaciones entre humanos. Es una ley universal, que implica que no existe evento que no tenga consecuencias, todos los hechos, todas las conductas las tienen, y su tendencia en la concatenación de actos que producen, es como diría Borges: infinita.

 

Siendo como es, el universo, en su unidad, no es ajeno a ningún acto producido por un ser consciente, cada acto reproducido en la realidad, cada pensamiento que se genere en una mente, habrá de materializar consecuencias ineludibles a su creador.

 

Es así como el universo nos otorga un instrumento más de evolución, pues en la medida en que una persona sepa asumir las consecuencias  de sus actos, en la medida en que sea capaz y solvente de responder por lo que hace, en esa medida será más evolucionado y habrá ganado criterio, para cumplir con sus obligaciones y para tomar decisiones que lo lleven realmente lejos.

 

En economía se conoce como “principio de costo de oportunidad”,  según el cual cada vez que se presenta una oportunidad, sea del tipo que sea, debe tomarse la decisión de aprovecharla o no, para .lo cual, deberán considerarse las consecuencias que se desencadenarán a partir de esa conducta, y analizar si se cuenta con la solvencia (moral, económica, emocional, etc.) para asumirlas. Verbigracia, un estudiante que debe decidir si utiliza las siguientes horas para prepararse para un examen o ir a un estadio con sus amigos, deberá considerar si cuenta con tiempo suficiente o si del uso de esas horas depende que apruebe o no.

 

El primer elemento, indispensable para garantizar la toma de buenas decisiones es el criterio y su importancia es equivalente al peso de las consecuencias que de cada decisión deriven, retomando a Borges, si la concatenación de actos desencadenados por una decisión es infinita, la importancia del criterio es igualmente infinita.

 

Lo cierto es que nadie puede evadirse de su responsabilidad, es decir, de la obligación de responder por sus actos, y privar a la persona del enfrentamiento de las consecuencias que produzca es privarla del acceso a la evolución. El precio que se paga por eludir la responsabilidad es el estancamiento, un precio demasiado caro para quien aprecia el tiempo y su oportunidad.

 

La responsabilidad o aptitud de responder, está definida como la obligación de cumplir con aquello que nos es impuesto, pero, ¿impuesto por quién?, en principio, impuesto por uno mismo, pero también por el sistema que nos regula, es decir por el Estado.

 

Existe el criterio jurídico, según el cual es posible excluir la responsabilidad cuando se produce un daño en circunstancias muy específicas como la legítima defensa o el estado de necesidad, sin embargo, aunque se excluye la pena, la responsabilidad si bien está disminuida, no es posible evadirla, aún cuando esté justificada.

 

La justificación, es el acto de hacer justicia; por este acto, cualquier conducta se hace justa, pero ¿qué es la justicia?

 

DE LA JUSTICIA.

 

La justicia, según Kelsen, trasciende la definición de Justiniano, relativa a dar a cada quien lo suyo; es precisamente la relatividad que entraña esta definición la que hace a la justicia imprecisa  y supeditada al criterio de quien la aplica, pues por mucho que se estudie un caso particular, en ocasiones puede caerse en el capricho de un juzgador, quien es una persona con experiencias, y criterio propios formados o mal formados por los eventos acaecidos en su vida.

 

En realidad, la justicia es un concepto abstracto, con dificultades particulares para concretizarlo, ya que dicha abstracción implica elementos morales y de ética colectiva que rebasan el margen de regulación que es capaz de imponer el Estado.

 

La justicia, es un instrumento de evolución íntimamente ligado a las leyes del universo, la justicia es el ejercicio consciente y deliberado de la responsabilidad, es la armonía entre ejecutar un acto y asumir las consecuencias, es un instrumento, por el cual las personas ganan criterio y avanzan en la carrera de la evolución.

 

El acto de asumir armónicamente las consecuencias de los actos propios, sean aquellas positivas o negativas, eso es la justicia. El universo es inherentemente justo, en realidad nadie tiene la facultad de escapar de las consecuencias de sus actos.

 

Está visto que el Estado no puede impartir justicia, dado que jamás podrá tener la incuestionable certeza de nada que no sea fehacientemente demostrado en un tribunal, aunado a ello, debe siempre ajustarse a las normas de derecho vigentes en el tiempo y momento en que se elabora un fallo; lo cierto es que los tribunales administran derecho, criterios, leyes, pero no justicia.

  

DE LAS JUSTIFICACIONES.

 

Justificar un acto es hacerlo justo, es permitirle a cada quien asumir su responsabilidad, y encarar sus consecuencias.

 

En este orden de ideas, ninguna conducta que cause daño a otra o a si mismo, podrá ser justificada nunca, hacer justa una conducta destructiva implica liberar a la persona activa de sus obligaciones, quitarle su responsabilidad e impedirle su evolución.

 

Admitir una conducta nociva de uno mismo o de otra persona, no sólo es injusto, también tiene sus consecuencias que suelen ser nefastas, ya que este tipo de conductas pasivas no sólo implican la tolerancia de situaciones costosas e incorrectas, sino una condición de patología emocional que induce a razonamientos falsos provocados por el resentimiento y el miedo, de tal manera que se pretende encontrar justicia en actos lamentables que por si mismos no admiten justificación alguna, uno de ellos es la venganza.

 

LA VENGANZA.

 

Una pregunta que sin duda puede llegar a armar enconadas polémicas,  es si la venganza es o no justa. Pues en un primer acercamiento al tema pareciera que es justo dañar a una persona en la misma medida que le ha causado daño a otra.

 

El Código de Hammurabi, una de las primeras colecciones jurídicas de la que se tiene registro en la historia de la humanidad, se creó cono el objetivo de regular las relaciones sociales en la antigua Mesopotamia,  relaciones entre las que no se distinguía lo penal de lo civil, pues este código es muy elemental y parte de un criterio muy primitivo de la responsabilidad, es por ello que su principal aporte fue institucionalizar la famosísima Ley del Talión.

 

“Ojo por ojo y diente por diente”, así reza, fatal y tajante la premisa que durante muchos años tuvo vigencia implacable en los ordenamientos jurídicos antiguos y que literalmente significa que a todo aquel que cause un daño, se le impondrá una pena exactamente igual al daño que causó, sin importar si se trataba de lesiones, adulterio, asesinato, robo, o deudas civiles, y peor aún sin importar si el daño podía o no ser remediado o si fue  consecuencia de dolo o de culpa.

 

La Ley del Talión institucionalizó la venganza como un elemento del Estado con el objetivo de crear orden entre los ciudadanos de Mesopotamia, e influyó las legislaciones de otras culturas por mucho tiempo.

 

Pero, en realidad ¿hay justicia en la venganza?; en sus diálogos, Platón le atribuye a Sócrates una plática con Critón (justicia), lectura que de hecho se titula “Critón o de la Justicia”, en la cual el joven discípulo le propone a su amado maestro Sócrates que huya de la ciudad que lo ha condenado a beber la cicuta, un poderoso veneno que lo llevaría a la muerte, porque la condena era injusta y el supuesto delito inexistente.

 

Sócrates, le explica a Critón porqué no es justo eludir la condena a pesar de la injusticia de aquella, haciendo énfasis en las convicciones, así es, no hay justicia en ir en la contradicción, decía que sería siempre perseguido  y que en ninguna ciudad de Grecia podría seguir ejerciendo y que su convicción es ser fiel a sus propias ideas, y sobre todo defendió el hecho de que no es posible hacer justo un daño argumentando otro daño.

 

Retomando, si la justicia es la armonía de responder por los actos propios, y la venganza es un acto propio y no ajeno, no es que el otro nos obligue con su malidicencia a la venganza es que se toma la decisión de perpetrer un nuevo daño para desquitar, pero en realidad no hay desquite, el daño se hizó y la venganza siendo un daño nuevo, solamente lo agrava, ¿cómo podemos ser responsables por las decisiones de otros?, aún cuando en apariencia se le haya provocado para causar un daño, la verdad es que antes de responder violentamente o incorrectamente, siempre tenemos otras alternativas; sólo podemos responder por nosotros, los demás responden por ellos mismos.

 

En ese orden de ideas, la venganza no es en lo absoluto una consecuencia de un acto ajeno, es un acto propio que acrecienta el daño que deriva de aquél, es un daño nuevo y diferente generado por quien cree ser víctima, por quien cree que cometer un acto en perjuicio de quien le ha dañado es justo, pero en realidad jamás podrá librarse de su resentimiento y mucho menos resarcir el daño que le hicieron, jamás estará satisfecho y su saña no se agotará en un solo acto de venganza, por el contrario, cada vez que tenga la oportunidad de “cometer una nueva venganza” lo hará, y no sólo en contra de quien en primer lugar le dañó, sino en contra de todo aquel que coincida en su camino, aunado a ello, siendo la venganza un acto diferente que el que la provoca, tiene consecuencias propias y diferentes, ineludibles, ya decíamos, para su creador.

 

En  la venganza, no se está resarciendo un daño, se está generando otro, lo cual no le sirve en lo absoluto a quien sufrió el daño por primera vez, lo único que se alimenta es la saña de una persona enferma, sí, enferma,  al ver a otro sufrir como está sufriendo, situación que en lugar de aminorar, agrava el resentimiento y anula su capacidad de perdonar.

 

No hay forma de justificar la venganza, y asumir que es posible liberar de su responsabilidad a quien sea, en un acto de venganza, es privarle deliberadamente de los medios para su evolución.

 

CONCLUSIÓN.

 

1.      No es posible separar la connotación axiológica de las prácticas de la responsabilidad y de la justicia, ambas cosas son una, y sea que se institucionalicen o no en un sistema jurídico, las personas simplemente no pueden evadir las consecuencias que generen con sus actos independientemente de la opinión de sus iguales o de si zafaron exitosamente el fallo de un tribunal  o no.

 

2.      La consideración de la responsabilidad de los actos propios en el momento de encarar las consecuencias, es un elemento clave que llevará al individuo a comprenderse y comprender a efecto de mejorar la calidad de su criterio y superar el acto infantil de “lavarse las manos”, pues aún en ese caso las consecuencias son ineludibles.

 

3.      EL resentimiento y el miedo, son sentimientos equivocados que llevan al individuo a razonamientos igualmente equivocados, respecto de la falsa idea de que es posible justificar un acto propio con un acto ajeno, de que es posible reparar un daño generando otro o de que hay armonía y justicia en la venganza.

 

4.      La justicia es una característica inherente a la naturaleza, es una ley dentro del universo que se aplica todo el tiempo y que es ineludible.

 

5.      La responsabilidad es el instrumento humano que genera justicia, hace a los individuos, independientes, mejora el criterio, garantiza la autonomía,  y a la vez, permite avanzar en la carrera de la evolución.

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

DIÁLOGOS. CRITÓN O DE LA JUSTICIA. Platón. Edit. Porrúa.

 

¿QUÉ ES LA JUSTICIA?. Hanz Kelsen. Edit. UNAM

 

CÓDIGO DE HAMMURABI. Edit. Porrúa

 

CÓDIGO DE HAMMURABI. Wikipedia, la enciclopedia libre. http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3digo_de_Hammurabi

 

 

 

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